Le rogó a Keith Richards que lo sacara de la carretera. Se veía a sí mismo como un payaso en un circo de tercera clase, dando tumbos de ciudad en ciudad. Quería estabilidad (y pasta). Ahora vuelve a desbarrar y saca volumen de memorias rememorando los días salvajes. El capitulo dedicado al affaire de Keith en Canadá, y su posterior solución, puede (debería) contener mucha carnaza, ¿eh, Maggie?
Ron Wood - Mystifies Me
sábado, 22 de noviembre de 2008
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